En tiempos de pandemia, podemos reaprender a cuidarnos. Las chidas de pensar lo doméstico lanzaron una convocatoria para compartir libremente las recetas que nos apapachan el alma, nos abrazan y nos nutren el cuerpo.
Yo, que en esta etapa pandémica me he puesto a escribir más, me aventuré a compartir con ellas (y el mundo) una forma de cuidado que me ha mantenido sana aún en los peores momentos.
Hace dos años, vivía una depresión profunda que me impedía hacerme cargo de mí misma, manteniendo unas prácticas violentas con mi cuerpo y mi alma. No comía, o comía muy poco y lo que comía era pura basura. Lo justificaba diciendo que no tenía tiempo para cocinar ni dinero para comer en la calle, aunque trabajara como loca. Lo único que me mantenía cuerda era Pina, mi perrita. Me decía “tú estarás muy deprimida pero Pina es un ser que depende de ti, y necesita salir a caminar”, así que todos los días Pina me sacaba a pasear unas dos o tres horas al día. Así mi cerebro se oxigenaba, mis ojos veían plantas y árboles, Pina corría feliz por los jardines de CU y yo me mantenía funcional.
Y esa “operatividad” de mi cerebro hacía que me aferrara a ese cuidado. Cada mañana, después de nuestro paseo matutino, Pina comía croquetas y yo me hacía un licuado o smoothie. No sé muy bien de dónde viene esa costumbre, (ahora que lo pienso, mi mamá solía preparar jugos verdes y licuados para el desayuno que a mi paladar de niña le parecían intomables) pero desde que vivo sola, los preparaba. Incluso me jacto de que el primer electrodoméstico que compré cuando me mudé de casa de mis padres, fue una licuadora roja.
El corolario es «tu cuerpo necesita una cantidad de vitaminas y minerales diaria para funcionar, la mejor forma de garantizarlos sin muchas complicaciones es un licuado». Así que me preparaba uno cada mañana. Y en esos días de tormenta emocional, esos licuados eran una mano que me tendía a mí misma, una yo tratando de mantenerme a flote, aferrándome lo más que podía a vivir.
Ahora me agradezco profundamente ese gesto, esos licuados fueron un salvavidas para mi organismo y ahora que la tormenta es mucho más manejable, mi smoothie mañanero es parte esencial de mi ritual.
Esa fue mi aportación al #Recetario de cuidados, que contiene muchos otros saberes ahora colectivizados. Cada receta que se comparte contiene algo de nuestra esencia, pienso que es poderoso pensar que cada que cocinamos o preparamos algo, la esencia de aquellas que nos compartieron esa receta, nos acompaña. Este recetario se siente vivo, todas las participantes, escritoras y cuidadoras de la escritura, nos comparten algo suyo para nuestro bienestar.
Muchas gracias a Pensar lo doméstico por este esfuerzo, por abrir el espacio y cuidar tantísimo ese cachito de nosotras. Dejo por aquí el enlace al Recetario y recomiendo ampliamente seguir a esta maravillosa colectiva.
(:

Gracias Pina por esa función, por existir y por contribuir como los licuados a traerte hasta aquí y ahora. Te mando un abrazo Karla
Me gustaMe gusta